Namaste
Cada año mi esposo Walter se acomoda en su sillón favorito, un tazón de palomitas de maíz en la falda, y se deleita con la película navideña clásica del 1947, Milagro en la calle 34. Walter es una persona lógica que mira con gran escepticismo las cosas que no tienen explicación. Así es que le pregunté por qué él disfrutaba tanto de una película sobre milagros. Me explicó que la película evoca su niñez y la alegría de creer en Santa Claus. También se siente bien cuando ve que los sueños infantiles se hacen realidad mientras los adultos se burlan cínicamente. “¿No sería bueno si los milagros fuesen ciertos?” preguntó.
La mayoría de nosotros nos deleitamos al ver los milagros presentados en películas o cuando leemos sobre milagros en fábulas e historias bíblicas. Y también desearíamos que los milagros fuesen ciertos. Sin embargo, milagros ocurren todos los días y si estuviésemos más dispuestos a aceptarlos, los milagros serían parte de nuestras vidas cotidianas. Es desafortunado que hemos sido acondicionados a aceptar la idea de que las “leyes físicas” son inviolables. Como dice San Agustín: “Los milagros no son contrarios a la naturaleza, sino contrarios a lo conocemos de la naturaleza.” Hay tanto de la naturaleza que desconocemos y tanto de la naturaleza que creemos conocer. Cada vez que experimentamos una arruga en el tiempo o pasamos por un pliegue en el espacio nos quedamos pensando sobre todas las dimensiones de la realidad que desconocemos. Si viviésemos dentro del marco de lo posible disfrutaríamos de una libertad y una alegría increíbles. En lugar de esto, permanecemos atados a una realidad inflexible de restricciones falsas. Estas limitaciones se rompen con la fuerza de nuestra confianza.
La gente me cuenta sobre milagros todo el tiempo. El otro día una joven me envió un correo electrónica contándome lo siguiente. Ella conducía su auto de noche en la autopista cuando se le estalló una goma (llanta). Estaba por llamar al 911 cuando vio un vehículo de emergencia estacionarse frente a su carro. Un hombre salió del camión y se dirigió al carro. La joven notó que él número 911 estaba estampado en su chaqueta. Aún así se puso muy nerviosa porque ella no había llamado al servicio de emergencias todavía y no estaba segura quién era este hombre. Cuando bajó la ventana de su carro, el hombre le preguntó: ¿Usted fue la joven que llamó al 911 hace quince minutos sobre una goma?” Sorprendida, ella respondió: “Sí, se me reventó una goma pero no he llamado al 911 todavía. Debe haber sido otra persona la que llamó.” El hombre consultó sus notas y le dijo: “No, la que llamó me dio la localización exacta y este es el lugar. Además, no hay nadie más por aquí.” Finalmente, la joven aceptó que un milagro había ocurrido. “¿Usted cree en ángeles?” le preguntó. “Sí,” le respondió él. “Pues usted ha tenido el privilegio de hablar con un ángel porque yo NO lo llamé.” Al decir esto, el hombre se conmovió e inmediatamente llamó a su esposa para contarle lo sucedido.
Y ¿qué fue lo que sucedió? ¿Fue acaso un ángel que pidió ayuda por la joven? ¿Hubo algún tipo de comunicación entre la joven y el servicio de emergencias, una comunicación que ocurrió en una realidad paralela con un adelanto de quince minutos en nuestro universo actual? El explorar el significado de estos eventos rinde pocos beneficios ya que los eventos ocurren más allá del continuo de tiempo/espacio en que vivimos. Una vez tenemos la intención de habitar en la verdadera realidad donde somos uno con la consciencia universal del Creador, las ataduras que nos ligan a la realidad falsa de limitaciones se disuelven y existimos en el reino de Luz donde todo es posible.
Así vemos ángeles y hasta serafines, se materializan cosas de la nada, nos comunicamos sin palabras, el tiempo se suspende en un ahora sin tiempo, nos encontramos en un espacio sin haber llegado a él. Se cura el cáncer incurable, se sana una herida ante nuestros ojos, logramos alcanzar lo que creíamos era inalcanzable.
Más que nada, el milagro lo eres tú misma(o) que eres una parte del océano de Amor que es el Creador. El milagro se manifiesta cada instante en tu existencia misma que es una con la consciencia pura de Dios y que lo es Todo. Cada día disfruta del milagro que eres, del milagro que puedes ver en los ojos de cada persona en tu entorno. El milagro eres tú. Y a través de ti se manifiestan los milagros que traen Luz al mundo.
En Regocijo,
Alba
